miércoles, 10 de noviembre de 2010

Soy


Soy la escarcha de tiempos pasados, la que aparece en tu ventana de madrugada, cuidándote y arropándote en mi propio frió.

Soy el viento que despeina tu pelo, soy el que hace que tus recuerdos olviden su función y olvides lo que jamás aprendiste.

Soy las lágrimas que mojan tu cara cuándo pierdes la fortaleza, cuando afrontas un error y tropiezas camino de otro.

Soy el aliento que sale de tu boca cuándo dices un te quiero. Soy las palabras de afecto que nunca dijiste.

Soy el peón en tu tablero de ajedrez. Recorro todo el camino, me meto en campo enemigo y me convierto en la Reina para hacer jaque al Rey.

Soy tu mejor sueño y también tu peor pesadilla, me cuelo en tu ser cuando duermes y despierto arropado con tus suspiros.

Soy la palabra adiós, retrocedo en el tiempo para recordarte lo que persiste, avanzo al futuro para presentarte lo que conocerás y me presento de nuevo en tú presente, para volver a decir adiós.

Soy el ángel y el diablo, tu memoria dormida, el que te dice que no hagas algo y el que te dice que hagas eso mismo.

Soy el árbol que da vida a tus pulmones. Recorro tu cuerpo por dentro y me convierto en tu sangre. Luego me expulsas como algo tóxico, pero estuve dentro de ti, acariciando tu vida.

Soy el roció de cada mañana, el que moja tus pantalones mientras caminas por verdes pastos. Me pego a tus piernas y mojo tu piel, para luego expirar hacia el sol sin dejar marca de mi presencia.

Soy todo lo bueno y malo que tienes en ti.

Soy Gaia, la Madre Tierra, el Planeta Azul; te parí y te solté en mi cuerpo, para que después abonases con tus restos mis verdes campos y mis grandes desiertos.

Soy la vida, te acompaño durante todo tu tiempo. Te veo nacer y nazco contigo. Te veo crecer y crezco contigo. Envejezco a la vez que tú, a la misma velocidad y, cuando llega el momento, te abandono para volver a renacer.

Soy letras y soy palabras.

Soy yo. Y vuelvo a ser yo.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Termina el espectáculo


Se cierra el telón y quito la sonrisa de la cara. Hoy no es mi día, tengo ganas de llegar al camerino, quitarme este asqueroso maquillaje y tomarme una cerveza, ya me da igual si esta fría o no.

Cierro la puerta y me apoyo contra ella, estoy no cansado, agotado. No dejo de darle vueltas a algo que no debería ocuparme tanto tiempo ni toda la mente....

Me miro en el espejo, detrás del maquillaje está mi otro yo, y debajo de él, creo, queda algo de mí auténtica persona, aunque no lo se, hace demasiado que no me quito la máscara y he aprendido a vivir, casi feliz, con ella.

Camino dando círculos por estos 2 metros cuadrados. No me apetece sentarme, ni estar de pie, no quiero ni quitarme el potingue que cubre mi cara, no quiero cambiarme y ponerme mi ropa... ¿Qué hago?

Salgo a trompicones del camerino y voy directo al baño. Abro el grifo y me baño la cara con mis manos con el agua helada. Parece que se me aclaran las ideas. Me seco un poco y salgo hacia el escenario. Aun hay gente tras el telón.

Me inclino hacia el público. Con todos ustesdes... mi auténtico yo!

jueves, 21 de enero de 2010

Luz de sombra


Una luciérnaga me contó una historia una vez. Trataba sobre amor y odio. Y hoy, al fin, he comprendido que quizá el amor no pueda existir si no hay odio junto a él en su cama, compartiendo las sábanas y comiéndose a besos eternamente. Hoy he comprendido que el odio, en cambio, si puede vivir sin amor. Quemando esas sábanas junto con los besos en la hoguera de la venganza.

Aun recuerdo aquella historia nítida, aunque nunca llegó a existir tal luciérnaga. Solamente existía yo y la habitación estaba vacía. Yo siempre me contaba historias, que después de un tiempo, he comprendido que algunas son ciertas y otras, por desgracia, no.

Puedo vivir sin aire, puedo vivir sin luz, puede incluso que pueda vivir sin odio, pero no sin amor. Y llegada a la conclusión de que amor y odio van en la misma caja, no se si quiero seguir viviendo. Incluso pudiendo vivir sin vivir.

Todo a mi alrededor se ha transformado en una luz de sombras constante. Un abismo enorme del que no puedo escapar, no llego al otro lado de él, siempre me caigo y me absorbe su oscuridad, como en una pesadilla en la que tan solo caigo en silencio pero, con una diferencia, de ésta no despierto, sigo girando y callendo hacía la oscuridad constante. Sin luz.

Tan solo camino


Se ruborizan las flores en esta noche sin luna. Se marchita mis suspiros en pausa. Se cierran mis ojos cansados. Y no puedo gritar.

La luz es tenue, casi nula. Camino sin destino. Camino hacia ti y no se donde estás. Lejos, muy lejos. O quizás cerca. No me importa, tan solo camino hacia ti.

Quiero tocar tu cuerpo, desnudarte con la mirada desde una esquina de tú habitación. Hacer nuestro el verbo amar. Crear lo que no existe. Yo no existía hasta que llegaste y nació vida.

Camino sin cesar. Aun tengo el olor de tu sudor en mi mente, una droga de la que no puedo ni quiero escapar. Me hace sentirme grande cuándo está junto a mí, acariciándome junto a ti.

Camino otra vez pero las flores se han cerrado. Es tarde, no hay luna, no estás tú.

martes, 10 de noviembre de 2009

Algo raro que hay ahí


¿Qué coño es eso que está al final de la escalera? Esa sombra, no es que me de miedo, pero no se que es, me da que pensar, me da grima solo pensar en tener que tocarla.

¡Fantasmas! ¿Cómo va a ser cosa de fantasmas? No digas tonterías, no existen... como mucho espíritus encabritados por que no les dejaste las sobras de tu cena de ayer debajo de la cama, pero para nada pueden ser fantasmas. O quizá sea la madre que te parió que se revuelve en la tumba y ahora se arrepiente de haberte traído a este mundo. Mira que dices tonterías.

No se que será. Sube y mira a ver.

No... ¡NO! ¡Yo no voy a subir! esto es cosa tuya, es tu escalera, es tu casa. ¡Sube!

¿Qué te dije? No era cosa de fantasmas.... Siempre dejas por ahí todo tirado... y mira como se a puesto ahora la arañita... antes no le entraba ni un cacahuete en la boca, y ahora le entramos los 2 juntos.

Desde luego... no más mascotas para ti si no las cuidas.

Anda, páseme el encendedor que aquí dentro no veo nada....

jueves, 17 de septiembre de 2009

Amanecer en septiembre


El sol despuntaba el alba. La delicada vida volvía a nacer una vez más, aunque diferente, todo brillaba de un modo especial. Mis ojos tenían un algo que nunca habían visitado, un algo que brillaba muy dentro de mí, nacía de nuevo, nacía en tus labios, nacía en ti; un conjunto de ilusiones que daban sentido a un algo inexistente hasta ese momento.

Solamente se escuchaba una canción de pájaros, el sonido de nuestra respiración, el murmullo de un algo que llega. Allí estabamos mirando el amanecer, tú y yo, sentados junto a 'Felicidad', sonriendo pícaramente hacía el horizonte.

Tus labios se pronunciaron. Solo una palabra que me dieron una vida eterna: siempre. Siempre tú y yo.

Sueño con el amanecer del 17 de septiembre de 2005. Sueño contigo desde entonces. Y pasaran los días, el calendario cobrará vida y morirán tres días y, junto con ellos, un año más nacerá en una historia en la que el futuro es un cuento ya ensayado, en el que todo nos pertenece a nuestro camino, en el que nuestros pies dibujan lo que les apetece dibujar mañana.

Te quiero.
Siempre.

miércoles, 22 de abril de 2009

Lujuria vs Envidia

Tu cuerpo me hacía volar a la irrealidad en cada esquina de él, todo perfecto, bello, hasta lo inimaginable. Así eras tú, inimaginable, algo totalmente perfecto, algo inmortal, el perfume de la vida.

¿Y qué era yo? El caminante perdido, el que dio y perdió absolutamente todo lo que tenía, el que se equivoca a cada paso, el imán que repele cualquier polo, el sudor de la muerte.

Camino a tu lado, no puedo evitarlo, me gusta ser egoísta, me gusta consumir mi vida junto a la tuya, ser algo importante a tu lado, mirarte, sentirme, saber existir. Renunciar a una vida por ti, algo que estaría gustoso a pagar por tenerte otro día más, al despertar, a mi lado, consumiendo tus horas, un día más, junto a mí.

La lujuria y la envidia enfrentados constantemente en mí. Un duelo que no tiene fin, pero es tan apetecible ser el jurado en este combate, que no me arrepiento de tener que curar, día tras días, las heridas de mi cuerpo, a tu lado, que sujetas mi cabeza y alivias mi dolor.