miércoles, 17 de marzo de 2010

Termina el espectáculo


Se cierra el telón y quito la sonrisa de la cara. Hoy no es mi día, tengo ganas de llegar al camerino, quitarme este asqueroso maquillaje y tomarme una cerveza, ya me da igual si esta fría o no.

Cierro la puerta y me apoyo contra ella, estoy no cansado, agotado. No dejo de darle vueltas a algo que no debería ocuparme tanto tiempo ni toda la mente....

Me miro en el espejo, detrás del maquillaje está mi otro yo, y debajo de él, creo, queda algo de mí auténtica persona, aunque no lo se, hace demasiado que no me quito la máscara y he aprendido a vivir, casi feliz, con ella.

Camino dando círculos por estos 2 metros cuadrados. No me apetece sentarme, ni estar de pie, no quiero ni quitarme el potingue que cubre mi cara, no quiero cambiarme y ponerme mi ropa... ¿Qué hago?

Salgo a trompicones del camerino y voy directo al baño. Abro el grifo y me baño la cara con mis manos con el agua helada. Parece que se me aclaran las ideas. Me seco un poco y salgo hacia el escenario. Aun hay gente tras el telón.

Me inclino hacia el público. Con todos ustesdes... mi auténtico yo!

jueves, 21 de enero de 2010

Luz de sombra


Una luciérnaga me contó una historia una vez. Trataba sobre amor y odio. Y hoy, al fin, he comprendido que quizá el amor no pueda existir si no hay odio junto a él en su cama, compartiendo las sábanas y comiéndose a besos eternamente. Hoy he comprendido que el odio, en cambio, si puede vivir sin amor. Quemando esas sábanas junto con los besos en la hoguera de la venganza.

Aun recuerdo aquella historia nítida, aunque nunca llegó a existir tal luciérnaga. Solamente existía yo y la habitación estaba vacía. Yo siempre me contaba historias, que después de un tiempo, he comprendido que algunas son ciertas y otras, por desgracia, no.

Puedo vivir sin aire, puedo vivir sin luz, puede incluso que pueda vivir sin odio, pero no sin amor. Y llegada a la conclusión de que amor y odio van en la misma caja, no se si quiero seguir viviendo. Incluso pudiendo vivir sin vivir.

Todo a mi alrededor se ha transformado en una luz de sombras constante. Un abismo enorme del que no puedo escapar, no llego al otro lado de él, siempre me caigo y me absorbe su oscuridad, como en una pesadilla en la que tan solo caigo en silencio pero, con una diferencia, de ésta no despierto, sigo girando y callendo hacía la oscuridad constante. Sin luz.

Tan solo camino


Se ruborizan las flores en esta noche sin luna. Se marchita mis suspiros en pausa. Se cierran mis ojos cansados. Y no puedo gritar.

La luz es tenue, casi nula. Camino sin destino. Camino hacia ti y no se donde estás. Lejos, muy lejos. O quizás cerca. No me importa, tan solo camino hacia ti.

Quiero tocar tu cuerpo, desnudarte con la mirada desde una esquina de tú habitación. Hacer nuestro el verbo amar. Crear lo que no existe. Yo no existía hasta que llegaste y nació vida.

Camino sin cesar. Aun tengo el olor de tu sudor en mi mente, una droga de la que no puedo ni quiero escapar. Me hace sentirme grande cuándo está junto a mí, acariciándome junto a ti.

Camino otra vez pero las flores se han cerrado. Es tarde, no hay luna, no estás tú.

martes, 10 de noviembre de 2009

Algo raro que hay ahí


¿Qué coño es eso que está al final de la escalera? Esa sombra, no es que me de miedo, pero no se que es, me da que pensar, me da grima solo pensar en tener que tocarla.

¡Fantasmas! ¿Cómo va a ser cosa de fantasmas? No digas tonterías, no existen... como mucho espíritus encabritados por que no les dejaste las sobras de tu cena de ayer debajo de la cama, pero para nada pueden ser fantasmas. O quizá sea la madre que te parió que se revuelve en la tumba y ahora se arrepiente de haberte traído a este mundo. Mira que dices tonterías.

No se que será. Sube y mira a ver.

No... ¡NO! ¡Yo no voy a subir! esto es cosa tuya, es tu escalera, es tu casa. ¡Sube!

¿Qué te dije? No era cosa de fantasmas.... Siempre dejas por ahí todo tirado... y mira como se a puesto ahora la arañita... antes no le entraba ni un cacahuete en la boca, y ahora le entramos los 2 juntos.

Desde luego... no más mascotas para ti si no las cuidas.

Anda, páseme el encendedor que aquí dentro no veo nada....

jueves, 17 de septiembre de 2009

Amanecer en septiembre


El sol despuntaba el alba. La delicada vida volvía a nacer una vez más, aunque diferente, todo brillaba de un modo especial. Mis ojos tenían un algo que nunca habían visitado, un algo que brillaba muy dentro de mí, nacía de nuevo, nacía en tus labios, nacía en ti; un conjunto de ilusiones que daban sentido a un algo inexistente hasta ese momento.

Solamente se escuchaba una canción de pájaros, el sonido de nuestra respiración, el murmullo de un algo que llega. Allí estabamos mirando el amanecer, tú y yo, sentados junto a 'Felicidad', sonriendo pícaramente hacía el horizonte.

Tus labios se pronunciaron. Solo una palabra que me dieron una vida eterna: siempre. Siempre tú y yo.

Sueño con el amanecer del 17 de septiembre de 2005. Sueño contigo desde entonces. Y pasaran los días, el calendario cobrará vida y morirán tres días y, junto con ellos, un año más nacerá en una historia en la que el futuro es un cuento ya ensayado, en el que todo nos pertenece a nuestro camino, en el que nuestros pies dibujan lo que les apetece dibujar mañana.

Te quiero.
Siempre.

miércoles, 22 de abril de 2009

Lujuria vs Envidia

Tu cuerpo me hacía volar a la irrealidad en cada esquina de él, todo perfecto, bello, hasta lo inimaginable. Así eras tú, inimaginable, algo totalmente perfecto, algo inmortal, el perfume de la vida.

¿Y qué era yo? El caminante perdido, el que dio y perdió absolutamente todo lo que tenía, el que se equivoca a cada paso, el imán que repele cualquier polo, el sudor de la muerte.

Camino a tu lado, no puedo evitarlo, me gusta ser egoísta, me gusta consumir mi vida junto a la tuya, ser algo importante a tu lado, mirarte, sentirme, saber existir. Renunciar a una vida por ti, algo que estaría gustoso a pagar por tenerte otro día más, al despertar, a mi lado, consumiendo tus horas, un día más, junto a mí.

La lujuria y la envidia enfrentados constantemente en mí. Un duelo que no tiene fin, pero es tan apetecible ser el jurado en este combate, que no me arrepiento de tener que curar, día tras días, las heridas de mi cuerpo, a tu lado, que sujetas mi cabeza y alivias mi dolor.

martes, 3 de marzo de 2009

Secuelas de la perdición


No puedo callarme puesto que mis palabras se han secado de tanto usarlas. No puedo continuar puesto que mis pies yacen bajo estos cimientos anclados a las raíces de los árboles que crecieron de la vida que dejaron los recuerdos del ayer. No se donde estoy, creo que perdí mi rumbo y ahora tan solo me queda vagar por este mundo lleno de desilusiones que se mecen junto con el balanceo del ligero movimiento de las agujas de cualquier reloj situado en lo alto de una torre o de cualquier pared en un salón en el que los días pasan como si fuesen las olas rozando la arena que se pierde con ellas mismas en el mar.

Sentado en una silla en el más oscuro ángulo que encontré en esta casa veo como se cierran los cajones en los que un día no muy lejano guardaba, junto con un pañuelo confesor de todas las lágrimas derramadas, tus fotos. En ellas se delataban tus facciones más evidentes y también las más ocultas. Debajo de esas fotos ocultaba una pequeña caja de madera, cubierta de las huellas de las manos que trabajaron en su propio futuro; en ella no guardaba nada, fue en donde reposó una alianza que regalé a la inspiración de una sonrisa atrayente.

Mientras la humedad se notaba en el ambiente de esa casa en la que visualizaba con cierto temor esos recuerdos, seguía esperando algo que no se ni lo que era. Aun continuaba con la esperanza de encontrar en cualquier lugar un alma que reposara junto a mí en esa esquina compañera de la oscuridad. Sin genero ni nombre, sin ninguna cara que resuelva el enigma, ni tan solo una pista que me guiara a saber lo que esperaba con tantas ansias que con imaginarlo hacía que me comiera el mundo desde aquella vieja casa situada en la lejanía de la muchedumbre que guardan la incógnita de el lugar donde viven.

A veces pienso que nada es cierto, que todo esto que viví fue algo que me pasó en sueños; pero todo pierde la cordura al abrir mi mano y observar que sobre ella guardo algo que consume la mentira de denominarlo un sueño. Sobre mis dedos se muestran las yagas de mi propia crucifixión.

Nunca pude negar que sufrí, jamás pude afirmar que no fui feliz. Mi única conclusión es que el amor no existe, que todo se basa en los estados de ánimos en los que se muestren nuestros cuerpos en el momento en el que un tierno beso cierra las puertas para inundarse en el consuelo de no pasar el resto de nuestras vidas solos. Cuanto más se alarga la espera de la hora del cierre definitivo de nuestros ojos, más poderosos se vuelven los daños que surgen con los sentimientos que todos anhelan. Fin del universo, fin de tus labios, fin de tus huellas dactilares que reposan sobre cada uno de mis dedos. La vida sigue y yo elijo una vida retirada para recuperarme de mis secuelas, fruto de mi viaje a la perdición en la que pasé mis últimos días en los que mis párpados aun seguían continuamente abiertos a soñar.


15-3-2005